III. Zona de paseo

 
La zona de Paseo, supone la expresión de la sociabilidad madrileña, espacio abierto que invita al paseo, contemplación, entretenimiento, ofreciendo relaciones y por la que circulan vendedores, aguadores, cocheros, traperos, etc. La calle Huertas, siendo eje principal del barrio, ofrece a lo largo de la historia, una vía de comunicación desde el centro de la villa hacia la zona por excelencia de paseo, el Paseo del Prado, lugar preferido de reunión desde mediados del siglo XVI para los habitantes de la nueva corte (Mesonero, 1861:217-227).

La zona de Paseo, supone la expresión de la sociabilidad madrileña, espacio abierto que invita al paseo, contemplación, entretenimiento, ofreciendo relaciones y por la que circulan vendedores, aguadores, cocheros, traperos, etc. La calle Huertas, siendo eje principal del barrio, ofrece a lo largo de la historia, una vía de comunicación desde el centro de la villa hacia la zona por excelencia de paseo, el Paseo del Prado, lugar preferido de reunión desde mediados del siglo XVI para los habitantes de la nueva corte (Mesonero, 1861:217-227).

Reformado por José Hermosilla y Ventura Rodríguez en tiempos de Carlos III, convirtiéndose entonces en el Paseo predilecto de la aristocracia de los siglos XVIII y XIX. Estaba dividido el Prado Viejo en tres tramos: el primero, Prado de Atocha, desde la Puerta de Atocha hacia el Santuario del mismo nombre; el segundo, Prado de San Jerónimo, compuesto de huertas, al pie de las colinas donde se erigía el Monasterio de San Jerónimo y el Palacio del Buen Retiro, donde desemboca directamente la calle Huertas; y por último, el Prado de Recoletos. El paseo, que se plantea como una necesidad diaria para el madrileño, se realiza a pie, en silla de mano o en coche, y según Mesonero Romanos, hay referencia de que en la calle Huertas existió un establecimiento de coches de alquiler y cabriolés, que se podían alquilar por días o medios días, dependiendo sus precios del lujo de los carruajes, si se querían lacayos, etc. (Mesonero, 1833). Otra calle de paseo, colindante al Paseo del Prado, fue la actual calle de Alameda, que en tiempos de Felipe III, cuando en esta parte ubicó su palacio el Duque de Lerma, esta calle se vino a llamar "de la arboleda" y "Paseo de la Alameda de Lerma", siendo muy frecuentado y desembocando en el Prado Viejo de San Jerónimo (Capmany, 1863).

La calle Huertas, por otro lado, supone el centro de un distrito parroquial, el de San Sebastián, y reúne lo más destacado de la vida del barrio y de su actividad. Ofrece en el primer tramo de la calle un factor de gran importancia en el medievo y que continuará a lo largo de la historia, la relación plaza-mercado-cementerio (Montero, 1988). Al comienzo de la calle y haciendo esquina con calle San Sebastián (antes llamada "del Viento"), donde hoy observamos un frondoso vivero de plantas, existió el cementerio de San Sebastián, junto a la parroquia del mismo nombre, algo muy común hasta la dominación francesa, en que las necrópolis se trasladan al extrarradio de la ciudad; la plaza, haciendo esquina, la del Ángel y, el mercado, la plaza de Santa Ana y plaza del Ángel con calle San Sebastián. La plaza llena necesidades esenciales al barrio, mientras que la calle, en este caso la calle Huertas, detenta la función "de llevar", la plaza mantiene la de "estar", es lugar común de reunión y de mercado.