IV. Viajes subterráneos

 
Una de las frases que componen el blasón de Madrid reza: "Fui sobre agua edificada, mis muros de fuego son...", y no hacía referencia a la exuberancia del caudal del río Manzanares, conocido en la literatura del siglo de oro como: "enano de los ríos, gigante de los arroyos", o "famoso en el mundo entero por ser navegable a caballo", "su caudal no es agua, sino sudor", etc., sino por el sistema de provisión de aguas potables a la villa, los "víages" o "mayras" [el nombre de "Madrid" vendría a significar "lugar donde abundan las mayras" (Alvar, 1991:22)].

Eran éstas unas canalizaciones o galerías subterráneas practicadas desde dominación árabe, que enlazaban los pozos abiertos (arcas o cambijas) en las afueras de Madrid, donde el agua descansaba y se hacía cristalina, y era desviada a través de un sistema de redistribución por medio de tubos de barro, con los surtidores dentro de la villa (fuentes y muy excepcionalmente casas particulares) (Rueda, 1851-1930:34-35). De las fuentes públicas, pasaban a las casas a lomos de los "aguadores", que normalmente procedían de Asturias y Galicia, siendo transportada en cubas de cobre, y dentro de las casas se guardaban en tinajas de barro, cerca de la cocina (Corral, 1994:80-81).

En el siglo XIX, la ciudad disponía de once "viages", siendo de destacar entre otros los de la Alcubilla (desde el siglo XVI), Alto Abroñigal (desde el siglo XVII), Bajo Abroñigal (sigIo XVII) y Viaje de la Castellana (siglo XVII). Estos dos últimos viajes, recorrerán el subsuelo del Barrio de los Literatos (Rueda, 1851-193O:34-35). Así el trazado de la calle Huertas corresponde a un tipo de interfluvios, a una vaguada, (Fernández, 1993:29), y debido a que su subsuelo sería de gran riqueza hídrica, se explica la profusión de huertas y de productos hortícolas, tan importantes en la dieta popular, y que se vendían en los mercados cercanos. La calle de Lope de Vega, antiguamente llamada "Cantarranas", así como la de Costanilla de las Trinitarias, con salida a la calle Huertas, eran los sitios más pantanosos de los alrededores de la villa, había grandes charquetales de aguas en los que abundaban batracios que dieron el antiguo nombre a la calle (Capmany, 1863).

Este sistema de abastecimiento de agua potable, se seguiría utilizando hasta mediados del siglo XIX. Momento en el que se acomete la construcción del Canal de Isabel II (1851), contando la ciudad entonces con un total de 77 fuentes públicas dentro de su perímetro urbano y con un servicio aproximado, de unos 1.OOO aguadores, para una población de 235.OOO personas (Rueda,1851-193O:34-35). Podemos encontrar a lo largo de toda la zona de las Huertas desde el siglo XVII cuatro fuentes, repartidas entre las calles de Moratín, plaza de Antón Martín esquina a calle Atocha (donde se ubicaba la "fuente de la fama" construida en el siglo XVIII por Pedro de Ribera, de gusto churrigueresco, y de su trazado arquitectónico dice Mesonero Romanos - "...lastimosa aberración ...más que página del arte es borrón echado en él’’-) (Mesonero, 1861:200), plaza de Jesús y la última, en la calle San Blas, que surtían al barrio de agua potable.