Este año se han anunciado más y definitivos cierres de tráfico en el centro de Madrid. Ironías de la vida en esta época donde la inmovilidad es seña de identidad de la ciudad. Las restricciones del Barrio de Las Letras han saltado la Carrera de San Jerónimo para extenderse por el de Cortes. Un lapsus en el discurso de Pedro Calvo, responsable de la movilidad en la ciudad, permitió adivinar el jueves pasado que, una vez liquidada su actuación en este sector del distrito Centro, el objetivo está, ahora, al otro lado de Atocha: en el área de Embajadores. Las obras en la plaza de Tirso de Molina son la excusa perfecta para cerrar el paso a vehículos privados por los alrededores del recinto que se convertirá en breve en el mercado permanente de flores de Madrid.
El tráfico dejará de discurrir por Duque de Alba directo hacia la calle de Magdalena. Como una onda expansiva, esto tendrá consecuencias en las proximidades. ¿Cuáles? Tan sólo los residentes podrán transitar por las calles de Espada, Jesús y María y San Pedro Mártir. Quizá otras vías sean también de acceso limitado. No se sabe aún con certeza. Como se ve, poco a poco se crean zonas de prioridad peatonal.El criterio utilizado es siempre el mismo: limitaciones a los coches, supresión de plazas de aparcamientos en superficie -se extiende el recurso a los estacionamientos robotizados-, templado de tráfico, incorporación de arbolado y modificaciones del pavimento y el mobiliario. El objetivo, según los documentos de Urbanismo, es elevar la calidad ambiental, remodelar espacios estanciales, revitalizar el comercio y hacer atractivas para el turismo estas zonas.
Hay dos intervenciones en marcha que son ejemplo de recuperación del espacio, renovación de la imagen y de transformación de una zona en atractivo reclamo para el visitante: el cierre y peatonalización de la calle de Santiago -que forma parte de la ruta entre la plaza de Oriente y el Prado- y la remodelación integral de Tirso de Molina. La próxima primavera la reforma de la calle de Santiago ya estará en marcha.
Conectará el Palacio Real con el Museo del Prado.Sí, a través del Barrio de Las Letras. Dos kilómetros de recorrido, donde los coches tendrán un papel irrelevante. Se pueden imaginar que con esta manera de actuar que ha distinguido al Gobierno desde que inició el proceso de revitalización del centro -como le gusta llamarlo- es fácil deducir que si se peatonaliza un paseo entre San Francisco, la plaza de la Cebada, Tirso de Molina y Magdalena, su influencia se extenderá a las vías aledañas y éstas se cerrarán al paso de vehículos ajenos al vecindario.
Es lo que va a pasar en Embajadores, donde los planes del Gobierno no sólo prevén ese camino -de 1,2 kilómetros- sino una ruta, por ejemplo, desde San Francisco hasta la glorieta de Embajadores, pasando, también, por la Cebada. Poco más de 800 metros. Por tanto, cuando Calvo habla de que las restricciones de los barrios de Las Letras y las Cortes se extenderán hacia el Sur -la medida se anunciará, oficialmente, dentro de una o dos semanas- no se refiere a otra cosa que los cortes cruzarán la calle de Atocha y se diseminarán hacia la glorieta de Embajadores.
Si nos quedamos en este ámbito, descubrimos que en el Area de Movilidad cualquier posibilidad se estudia: cerrar el entorno de la plaza de la Paja y la Cava Baja y limitar el tráfico por las vías atrapadas en el triángulo formado por las calles de Toledo, Segovia y Costanilla de San Pedro. La tesis de Pedro Calvo siempre ha sido la misma: «La peatonalización de una calle no es tan efectiva como la restricción al tráfico de una zona», por eso se analiza reducir el paso de vehículos por las calles que rodean, precisamente, zonas de uso exclusivo de peatones. La parca información que se le escapó a Calvo sobre Embajadores y las restricciones en el entorno de Santo Domingo son parte de los planes que el Gobierno tiene en su cajón.
No se trata, lo que se ha contado, sólo de una deducción a partir de los movimientos que se han dado hasta la fecha, sino de una confirmación oficial. La experiencia ha sido positiva, y el alcalde, Alberto Ruiz-Gallardón, no sólo ha perdido el miedo inicial a cerrar el centro a los coches, sino que ha detectado que los vecinos lo agradecen. «La extensión de la medida del Barrio de Las Letras al de Cortes ha sido por petición expresa al Ayuntamiento de los comerciantes de la zona.» Por eso, las restricciones en Embajadores coincidirán más o menos en el tiempo con lo que se pretende hacer en el área de influencia de la plaza de Santo Domingo.
Se aprovechará la demolición del aparcamiento -sólo la porción que está sobre rasante- para devolver al peatón parte del entorno.Un camino preferente le permitirá disfrutar de un recorrido entre Santo Domingo y Opera, pero la gran intervención es la que afectará al ámbito comprendido entre esta plaza y la calle de Arenal. Ruiz-Gallardón, por cierto, quiere remodelar esta vía con el mismo criterio que se ha empleado en Mayor.
Ni más ni menos.Ganar espacio a las aceras, quitárselo a los coches y limitar áreas de aparcamiento. Eso, por ahora, parece secundario, en su pretensión de peatonalizar la calle de Jacometrezo y crear de ahí hacia Arenal un ámbito similar al del Barrio de Las Letras. La reforma del aparcamiento público de Santo Domingo, que ha sido expropiado por el Gobierno, debe iniciarse a final de año o principio de 2006 si el alcalde quiere inaugurarlo antes de las elecciones municipales del año 2007. Las obras durarán 14 meses. El Gobierno tiene en cartera ocho recorridos peatonales. Todos ellos, considerados prioritarios, están rodeados, en los planos de la Concejalía de Urbanismo, por las zonas de preferencia peatonal (véase gráfico) restringidas al tráfico.
FERNANDO MAS (Madrid)
EL PAIS 10 09 05
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