Será ésta la finalidad de la calle Huertas, que define un modelo de vía exclusivamente urbano y con un tipo de actividad ciudadana muy caracterizada, la comercial.
Entre las calles de Atocha y Alcalá se concentran durante el siglo XVI-XVII las actividades primarias y artesanas. Las manufacturas serán sobre todo en esta época, suntuarias y de alimentación. En el siglo XVIII, la actividad industrial se encuentra en las artes suntuarias (de lujo o de cultura), y la elaboración de artículos de lujo cobra especial importancia. Será en este siglo cuando tenga lugar la Asociación de los Cinco Gremios Mayores, reuniendo en ella a joyeros, lenceros, pañeros, vendedores de telas de seda, comerciantes al por mayor, lonjistas o almacenistas, etc. (teniendo su sede en la calle Atocha, y sus casas-almacenes según sus propias ordenanzas, en calle Carretas, Plaza del Ángel y Atocha) (Peñasco, 1995).
Representa esta calle el eje principal del comercio de todo el barrio, tanto por sus puntos de venta, como porque comunicaba con las zonas de mercado (Santa Ana, Plaza del Ángel y Plaza Mayor). Este barrio, que a lo largo de la historia, fue una zona abundante de huertas, y que haciendo honor al nombre, en la calle Huertas, se ubicaron las que pertenecieron al Marqués de Castañeda, gentilhombre de Enrique IV, pasando después a ser propiedad de los frailes de San Jerónimo (Répide, 1995). Se cultivaban entre otras hortalizas, la berenjena, dando lugar a un calle con este mismo nombre que partía del tramo final de la calle Huertas (Tomé, 1995:182), de donde los hortelanos se surtían para venderlo luego en el mercado de la plaza antigua de Madrid (Plaza Mayor), eran de calidad superior a las de otras zonas, y se vendían como "berenjenas de las huertas del marqués" (Capmany, 1863:47). También en la calle León se hallaba a fines del siglo XVIII y XIX, el establecimiento para el despacho del "fresco" (pescado), producto que tenía focos de venta poco frecuentes en esta época (Répide, 1995). Otro punto de venta, esta vez de verdura, estaba en la plaza de San Juan (Capmany, 1863) y otro de lechugas en la calle del mismo nombre que se hallaba entre la plaza de Santa Ana y Príncipe, y eran vendidas en los puestos de verduras de la plaza (Capmany, 1863).
Pero aparte de estos centros puntuales de venta de verduras y hortalizas, el barrio, enmarcado entre las calles de Atocha y Alcalá, poseerá mayor importancia debido a que en él se instalarán los mercaderes, los burgueses en general, abastecedores al por mayor, dedicados al comercio de lujo, paños de alta calidad, lienzos, especias, etc. (Alvar, 1991:28), así como prestamistas, como fue el caso de los hermanos Fúcar, prestamistas flamencos del siglo XVI-XVII, que dan nombre a la calle donde vivieron. Mesonero Romanos menciona algunas referencias a establecimientos de fábricas de telas y almacenes de papel en la plazuela del Ángel (Mesonero, 1833). Gran profusión tuvo y sigue teniendo la calle Prado por sus famosas tiendas de antigüedades, es especial la dedicación de este comercio en la zona que tratamos.
Y por último, no podríamos dejar de hablar del gran taller de platería de Antonio Martínez, que da nombre a la plaza entre el paseo del Prado, calle Moratín, Huertas y Alameda, y donde se alzaba, hermoso y elegante, el taller con fachada ornamental del platero que bajo la protección de Carlos III, funcionó como escuela del arte de la platería, y desapareció a fines del siglo XIX.
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