Historia de los conventos: Convento de la Merced (Iª parte)

 
Tuvieron, grande importancia los conventos. Los de las tres Órdenes tenían en la capital admirables templos, de naves ojivales, con portada Renacimiento. Gran dolor es que se haya arruinado el de San Francisco, cuyos formidables muros duplicaban su altura con la de la eminencia donde se asienta.

La Orden de la Merced cuenta, entre sus primeros representantes en Santo Domingo, de 1514 a 1518, a Fray Bartolomé de Olmedo 20 , que sería después héroe de la conquista espiritual de Méjico. «El P. Bartolomé -dice el mejicano Fray Cristóbal de Aldana- se dedicó desde luego (en Santo Domingo) al consuelo de los indios y a su instrucción; defendíalos de las vejaciones de los españoles, asistíalos en sus enfermedades y los socorría en sus miserias. Ins-truía a los niños para ganar a los padres; movía y convencía a los cristianos para que edificasen a los idólatras...»

A principios del siglo XVII, de 1616 a 1618, intervino en la reforma del Convento de la Merced (y fue allí definidor) no menor maestro que Tirso de Molina, el Presentado Fray Gabriel Téllez, en compañía del vicario Fray Juan Gómez, catedrático del colegio mercedario de Alcalá de Henares, Fray Diego de Soria, Fray Hernando de Canales, Fray Juan López y Fray Juan Gutiérrez.

Tirso declara que al partir ellos -sólo Canales y Soria se quedaron- dejaron organizada la enseñanza de su convento con catedráticos nacidos en la isla, que desde entonces producía grandes talentos, aunque atacados de negligencia: «el clima influye ingenios capacísimos, puesto que perezosos» (poco antes, en 1611, decía el arzobispo Rodríguez Xuárez en carta al rey: «esta tierra influye flojedad y aplicarse la gente poco al estudio»; naturalmente, no eran el clima ni la tierra, sino la despoblación y la pobreza, las causas del desamor al esfuerzo intelectual)21 .