Paradójicamente parece que la plaza se va a convertir en un mercado de plantas y flores que nadie ha pedido. Los árboles de la plaza eran enormes, con sus troncos robustos y su sombra agradecida. No me he tomado la molestia de ir a contar los anillos en los troncos pelados, pero no hace falta hacerlo para saber que seguramente llevaban allí desde principios del siglo XX, o antes.
Supongo que, cuando la plaza esté terminada, colocarán arbolitos nuevos, como los que ponen en las maquetas estos nuevos arquitectos que llenan nuestras ciudades de hormigón y diseño. Esos arbolitos asfixiados tardarán una eternidad en convertirse en ejemplares como los que el Ayuntamiento ha cortado sin motivo. Al salir del metro un lunes, varios vecinos nos quedamos sin palabras, mirándonos con tristeza, viendo cómo avanzan las vallas y las obras y arrasan a su paso lo poco vivo que quedaba. ¿Es legal lo que le están haciendo.
Isabel Leal Valladares
Madrid EL PAÍS 18/ 12/ 2005
Algunos derechos reservados ::