Huertas

 
De la plaza del Angel a la plaza de la platería de Martínez, bs. de Cañizares, de Cervantes, de Santa María y de la Alameda, d. del Congreso, ps. de San Sebastián, del Salvador y de San Jerónimo.Dice la tradición que las huertas cercanas al Prado, que dieron nombre a esta calle, y que se relacionan también con la denominación de la calle de la Berenjena, eran las del marqués de Castañeda, gentilhombre de Enrique IV, y que luego pasaron a ser propiedad de los frailes de San Jerónimo, hasta que el crecimiento de la villa obligó a su desaparición.

Es la de las Huertas una calle muy madrileña, enclavada en el corazón del viejo barrio de los comediantes. Tiene a su comienzo ese atrio maravilloso de la vieja parroquia, en uno de cuyos muros se lee aún el azulejo que dice: «Zimenterio de San Sebastián». Ese enlosado y esa verja sencilla pueden recordar el paso del entierro de Lope de Vega y la noche lúgubre en que José Cadalso fue a desenterrar el cadáver de su amada, la actriz María Ibáñez. Y entre tantos cortejos dolorosos han contemplado el que acompañaba los restos de don Ramón de la Cruz, y pocos años más tarde el del torero Pepe-Hillo.

Un frondoso y copioso emparrado cubre una parte de este atrio, en el cual había estos últimos años, y merece consignarse como curiosidad, un perro tan donosamente despierto, que poniéndole en la boca una moneda de diez céntimos, muy luego corría a una pastelería a depositar el dinero sobre el mostrador y esperar a que le entregaran un bollo, que devoraba satisfecho después de su legítima adquisición.

En el número 6 de la calle de las Huertas fue fundada el 7 de noviembre de 1837, por el esclarecido madrileño, sacerdote y escritor, D. Inocencio Riesco LeGrand, secundado por D. José Moreno Llamas, D. Manuel Pita y D. José Repullés, la Sociedad El Fomento de las Artes, con el fin de que sirviese de centro de enseñanza para las clases populares.

Esquina a la calle del Príncipe hay uno de los antiguos palacios de caracterizado estilo madrileño, con sus portadas barrocas y sus anchos balcones. Esta era a fines del siglo XVI la casa de Ruy López de Vega, donde vivía el príncipe de Marruecos, Muley Xeque, quien se convirtió al cristianismo con el nombre de D. Felipe de Africa, y era generalmente conocido como el príncipe Negro. A mediados del siglo xix fue vivienda ese palacio de los opulentos marqueses de Manzanedo, duques de Santoña, quienes celebraron en él las fiestas más suntuosas de la corte. Ultimamente fue habitado por el estadista insigne D. José Canalejas, cuya alevosa muerte fue una desventura nacional.

Cervantes vivió en la calle de las Huertas, «frontero de las casas donde solía vivir el príncipe de Marruecos, como él mismo dice en la «Adjunta al Parnaso». Y célebre también en la historia madrileña del tiempo de los Austrias era la taberna de Lepre, que estaba en la calle de las Huertas, esquina a la del Lobo, y con la hija de cuyo dueño se caso uno de los Fúcares.

Esquina a la calle del León hay un edificio de sencilla y elegante traza donde tiene su residencia la Asociación General de Ganaderos. Es la continuación del Honrado Concejo de la Mesta, una de las más interesantes corporaciones de Castilla, de la que consta documentariamente que existía en tiempo de Fernando el Santo, y que es probablemente la institución de origen más remoto de cuantas hubieron de formarse en la Península ibérica.

La casa del Nuevo Rezado, hoy Academia de la Historia, que tiene su entrada por la calle del León, ocupa la otra esquina de la de las Huertas, y de allí hacia el Prado pueden ser lugares señalados: la fachada meridional del convento de las Trinitarias, la lápida que honra la memoria del gran dibujante madrileño Urrabieta Vierge, y sobre lo que fue huerta de los capuchinos, entre la calle de Jesús y el Prado, el beaterio y jardín de las Hermanas de la Caridad. Enfrente del que existe por cierto un pintoresco patio de chispería, con su fragua crepitante y un árbol añoso que parece dar un prestigio patriarcal a aquel paraje, digno de mover la inspiración de un pintor.

Extraído del libro "Las calles de Madrid" de Pedro de Répide