La política cultural que practica el alcalde Gallardón es la de la cultura consumo-cultura mercancía

 
Los barrios no surgen por decreto de ley, ni de la noche a la mañana.. Son entidades vivas. Los barrios no son uniformes, son múltiples en su enjambre urbano porque la historia, la memoria y el azar se han encargado de hacerlos complejos, de crear un territorio, de construir lugares y espacios diferenciados; pero también son fábrica de lenguajes, ensueños y quimeras dispares. Los barrios son como un texto con múltiples lecturas. Están fundados en lazos de parentesco y vecindad, tejidos por la permanencia y el conocimiento mutuo a lo largo de generaciones.

Tienen encuentros cotidianos, fiestas, recordatorios, duelos propios, reconocen señales y símbolos identifica torios, que pueden pasar desapercibidos a los extraños, pero que generan ritos y códigos de conducta que los diferencias de otros barrios y del resto de la ciudad.

Los barrios forman un Todo propio de una colectividad identificada con su lugar a la que la tradición puebla de sentido-un lugar antropológico-, una construcción concreta y simbólica del espacio a la cual se refieren todos aquellos a quienes ella les asigna un lugar, y que constituye también, un principio de sentido para los que habitan en ella y un principio de inteligibilidad para aquel que lo observa. Contrastemos, El “lugar antropológico”, ese espacio con identidad y personalidad propias, llamado barrio, con el espacio del no-lugar que no crea ni identidad singular ni relación, sino soledad y similitud y tampoco le da lugar a la historia, eventualmente transformada en espectáculo..., allí donde reinan la actualidad y la urgencia del momento presente” (Augé, 1992: 57-58..) “No se descubren barrios como se ve un río; se les construye (M. Castells).

Cuando hablamos del tema de la defensa de los barrios como entidades con personalidad propia, inmediatamente se produce un clic y aparece el maniqueísmo: tradición ó modernidad, como si fueran conceptos antagónicos. Y nada más falso. Se cree (erróneamente) que los barrios se oponen a la modernización de la ciudad. Y es que se quiere identificar tradicional con statu quo. Los barrios son ciudad y constantemente se actualizan. Nunca una fiesta ó una celebración es igual al del año anterior, aunque si bien contiene la misma estructura, siempre la historia, el acontecimiento o el contexto moderno exige que se incorporen nuevos signos, que así se redefinen y son eficaces simbólicamente.

Y así surge que lo tradicional puede ser moderno y cómo lo moderno puede fusionar a lo tradicional. Pero una cosa es esto a lo que ningún ciudadano / a se podría oponer, y otra bien distinta lo que el equipo municipal del ayuntamiento de Madrid está practicando en los barrios, la ciudad y en los ciudadanos: el cierre de los barrios para convertirlos en barrios dormitorio-barrios gueto, y pasar a "crear barrios nuevos" como si los barrios se crearan de golpe y porrazo.

Con la entrada del alcalde Gallardón al ayuntamiento llegaron un manojo de «cambios» para Madrid. Cambios drásticos en forma de «Proyecto de rehabilitación,» «Proyecto urbano» «Proyecto de modernización». Expresiones todas de un discurso político, del alcalde, que nos traía la «intención de una mudanza rápida de nuestra ciudad». Un discurso alineado en la globalización económica: que en el fondo es una desestimación de todo sentido y motivación de la existencia humana que no sea la “racionalidad económica”.

Pero estos «cambios» acarrean la problemática de cómo «modernizar» el centro histórico de la ciudad. ¿ Cómo van a interactuar o relacionarse las zonas como los barrios antiguos con el nuevo espacio urbano producto de la rehabilitación de la ciudad ?. Es decir, debemos preguntarnos cómo un proyecto de rehabilitación urbana, va a incorporar por ejemplo las fiestas, los talleres artesanales, las vecindades, las esquinas, determinadas calles, los comercios, el testimonio de vecinos y todas aquellas manifestaciones culturales de identidad; cómo participaran en la “nueva” ciudad que es a la vez la vieja ciudad.¿Cuál es el aporte de los barrios a la «modernización de la ciudad» ¿

Para ello es sustancial definir una política cultural que sepa qué es el patrimonio cultural de un barrio. El patrimonio cultural no es solo lo que revalora lo material sino todos los objetos culturales que mantienen a un barrio vivo. Bienes que lo hacen real, actuante y que posibilitan que tomen un lugar en la historia de la ciudad, en el discurrir de sus días.

El Patrimonio Cultural de un barrio es su historia, su memoria, la vida cotidiana, arquitectura, lenguajes, arte, tradiciones, costumbres, símbolos, conocimientos; esto es el crisol mas significativo de la vida urbana del barrio. Según este argumento el Patrimonio Cultural no estaría restringido a las huellas materiales de los antepasados como documentos escritos o edificios monumentales, sino que habría que fijar la atención en el complejo de la producción simbólica. Es decir aquellos Bienes Culturales que los barrios han hecho suyos a lo largo de su historia, que movilizan para el Hacer y Ser diario, que son eficaces para el presente y para imaginar su futuro. Comúnmente en estos proyectos de renovación urbana estos bienes culturales pocas veces son reconocidos como Patrimonio Cultural.

Pero los «cambios» que nos propone el alcalde no cuentan con una política cultural basada en el patrimonio cultural del barrio. No, sino que está basada en la cultura con espectáculo, con espectáculo de masas. La cultura está en manos del poder que la gestiona, y éste trata de utilizarla para conseguir sus fines, que no son otros que mantener su hegemonía. Actúa como un aparato manipulador y como un valium para adormecer a la gente. La cultura está secuestrada. La política cultural que practica el alcalde es la de la cultura hegemónica. Una cultura así es ineficaz. Porque cultura significa algo cultivado, algo madurado; es lo opuesto a lo inculto y a lo rudo.« Cultura también es algo personal: es el cultivo para la apreciación de las ideas y del arte y los amplios intereses humanos. Cuando se identifica la eficacia con una estrecha esfera de actos, en vez de con el espíritu y el sentido de la actividad, la cultura se opone a la eficacia» (Dewey).

Eficacia social es cuando se le presta atención a lo que es único en el individuo, y éste no sería un individuo sino hubiera algo inconmensurable en él. Su opuesto es lo mediocre, el promedio.

El alcalde Gallardón, ignora el patrimonio cultural de los barrios y sigue adelante con Su Proyecto Urbano. Hace una cultura hegemónica, una cultura del parche y centralizando las expresiones culturales despojándolas de todo contenido crítico para así manipular mejor.

La política cultural del Ayuntamiento está diseñada precisamente para entretener, para que la gente no piense, para alejarla de la reflexión, sobre todo de los problemas sociales que padece.

Clementina

02/ 01 / 06