[Noticia aparecida en el diario "El mundo" el 27/04/2005]
FERNANDO MAS
Si no hay fiesta, se inventa. Si se ponen obstáculos, se derriban.Si las administraciones juegan al despiste, se las engaña a ellas.No se quieren quedar sin juerga en la plaza del 2 de Mayo. Rebelión vecinal. La Comunidad, encargada de programar los festejos, apunta hacia otro lado: el Ayuntamiento. El Ayuntamiento, a verlas venir, dice que la Comunidad...
Atentos. El año pasado no se celebraron las fiestas en el barrio por respeto a las víctimas del atentado del 11 de marzo. Todos de acuerdo en que el dinero para las fiestas se destinara a las familias de las víctimas. Jóvenes con ganas de fiesta la organizaron por su cuenta, tomaron la plaza y celebraron un tremendo botellón.Meses antes, el concejal del distrito de Chamberí, Luis Asúa, se reunió -según versión de la Comunidad- con el consejero de Cultura, Santiago Fisas, y le pidió que tuviera «más mimo» a la hora de programar porque los vecinos se quejaban del ruido.
Dicho y hecho. Con esa petición de hace un año en el recuerdo y la posibilidad de replantearse los festejos, Cultura reconoce que la decisión ha sido «reprogramar en otros distritos». En 10, en concreto. Conciertos a la luz del día.
Entra en escena, claro, el Ayuntamiento, que tiene unas relaciones poco fluidas con la Comunidad, y dice que la Consejería «ha decidido trasladarlos [los conciertos] a otros distritos».
Dan un pasito adelante: tranquilidad, que las fiestas van a existir; serán unas fiestas de barrio, de vecinos, el programa lo van a hacer los comerciantes de la zona, se está preparando. Empiecen a darle a la memoria, porque tras el eufemismo «fiestas de barrio» se esconde agua, azucarillo y aguardiente, altas dosis de chotis, limonada en vena y algún que otro elemento popular. Fiestas con aroma a... Imaginen.
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