La Segunda República, coincidió con el auge de la arquitectura racionalista, de la que García Mercadal fue el principal introductor. Participó en el congreso fundacional del CIRPAC en 1928 , organizó la visita de Le Corbusier a Madrid y fue el promotor de la creación en 1930 del GATEPAC.
La actividad urbanística del primer tercio del siglo, hasta la Segunda República, fue más burocrática que efectiva y subrayó la preocupación que entre los poderes públicos producirá el desarrollo de los Extrarradios. Esta actividad administrativa comenzó en 1902 con la creación de una Comisión especial para la Reforma del suelo y subsuelo de Madrid, en 1905 se organizó una Junta Consultiva, en 1907 se creó una sección de la Dirección de Vías Publicas para realizar estudios de urbanización del Extrarradio, en 1909 el arquitecto Nuñez Granes presentó un proyecto que fue aprobado en 1916, pero cuya ejecución quedo pendiente de una Ley de urbanización que no se llego a promulgar. En 1922 no obstante se acordó reformar el proyecto de Nuñez Granes, en 1924 se aprobó el Estatuto Municipal y en 1929 el Ayuntamiento de Madrid convocó un concurso de carácter internacional para la reforma del Interior y urbanización del Extrarradio.
La Segunda República, coincidió con el auge de la arquitectura racionalista, de la que García Mercadal fue el principal introductor. Participó en el congreso fundacional del CIRPAC en 1928 , organizó la visita de Le Corbusier a Madrid y fue el promotor de la creación en 1930 del GATEPAC. El gobierno republicano proporcionó un fuerte impulso político al planeamiento urbano, especialmente bajo el mandato de Indalecio Prieto en Obras Públicas entre 1931 y 1933.
En 1932 se creó el Gabinete Técnico de Accesos y Extrarradio de Madrid, para mejorar los accesos por carretera y ferrocarril y ordenar los núcleos de población periféricos. El cerebro de este gabinete fue Zuazo, y sus realizaciones más significativas fueron el plan de accesos a Madrid y dos trabajos relacionados con los trabajos de prolongación de la Castellana: el túnel Chamartín Atocha y los Nuevos Ministerios.
Otro trabajo del Gabinete fue el Plan Regional de Madrid, en el que se contempla no sólo la ciudad y su periferia inmediata sino una unidad territorial mucho más amplia. El interior del término municipal de Madrid fue objeto de un plan de Extensión en 1933, que venía a suplir el fallido concurso de 1929. Se trata de un trabajo que establecía objetivos sobre zonificación, densidad, espacios verdes y sistema de transporte.
Por su parte, García Mercadal ganó en 1932 la plaza de jefe de la Oficina de Urbanismo del Ayuntamiento de Madrid. Su principal aportación urbanística desde su puesto es el Proyecto de Ciudad Verde del Jarama. Donde éste se convirtió en arquitectura oficial, fue en Cataluña, impulsado por la Generalidad. El GATCPAC, liderado por Sert, será la referencia del urbanismo catalán republicano.
Es especialmente mencionable el hecho de que, aunque se veía la necesidad de la existencia de un plan que ordenase y reglamentase la extensión del Extrarradio, no se llegó a aprobar ninguno de los varios proyectos que se formularon. Fue con el gobierno de la República cuando se aprobaron dos planes al respecto: el Plan de Extensión de Madrid, redactado en 1931 y aprobado en 1933, y el Plan Comarcal de Madrid de 1936, aunque el comienzo de la Guerra Civil impidió su puesta en práctica.
El Plan de Extensión acometió como principal problema, y de mayor urgencia, el disponer de un proyecto definitivo de urbanización del Extrarradio y extensión de Madrid, que permitiera fijar el trazado viario y ordenar las construcciones en las zonas periféricas. Se planteó la necesidad de poner en marcha la redacción de unas ordenanzas municipales para regular la aplicación del Plan. Apareció como imprescindible la zonificación de la ciudad, la creación de unas ordenanzas de uso según las zonas, lo que constituyó un concepto nuevo en las ordenanzas españolas. Unas ordenanzas sobre volumen y un reglamento de construcción también se estimaban necesarios.
Cabe destacar la figura de Zuazo, cuyas ideas imperaron en la preguerra llevándose a efecto en algún momento. Este arquitecto presentó un proyecto, en colaboración con el arquitecto alemán Jansen, en 1929, al Concurso Internacional para la ordenación de Madrid, al que se califica como el primero entre los presentados, aunque el concurso se declaró desierto. Elemento fundamental del Plan es el eje Norte-Sur que habría de actuar como elemento central de la extensión de la ciudad hacia al Norte, prolongando el Paseo de la Castellana, ya propuesto anteriormente por Nuñez Granes, por lo que el Ayuntamiento le encargo la realización del proyecto de prolongación del sector norte. Instaurada la República, Zuazo se convirtió en la figura más importante en materia de urbanismo, poniendo en marcha durante estos años la apertura de la Castellana y siendo interrumpida por la llegada de la Guerra Civil, momento en el que Zuazo se ausento de España.
Durante los treinta primeros años de siglo la edificación del Interior y del Ensanche se vino rigiendo por las viejas ordenanzas del pasado siglo, produciéndose solamente pequeñas modificaciones en las que aparecieron mezclados conceptos y disposiciones que afectaban no sólo a la edificación, sino también a otros asuntos como los concernientes a la reglamentación municipal, policía urbana, limpieza, vigilancia... Las modificaciones realizadas sólo contribuían a densificar el espacio en mayor medida.
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