En un día como hoy 14 de abril de 1931

 
Tal día como hoy 14 de abril de 1931 se proclamó la II República española. Fue un momento de ilusión y de gran esperanza. Un momento que duró escasos cinco años en el que se consiguieron reformas de gran alcance y en donde se consiguió avanzar en la obtención de derechos y libertades nunca antes conseguidos, y tratar de colocar a España a la altura de los países más progresados del momento en Europa. Esta ilusión se vio interrumpida, como siempre ha sucedido en este país, por la intransigencia de la derecha oscura y recalcitrante, que ha gobernado desde hace siglos España de la mano de una monarquía impuesta y corrupta que ha mantenido a España sumida en la pobreza social y en la inestabilidad política permanente. Además, todo hay que decirlo para que no se repita, por un pueblo sumiso y contrario a los cambios e inclinado a aceptar la monarquía como un mal necesario a la sociedad española. Dos momentos cortos de regeneración e ilusión como fueron el advenimiento de la 1ª y 2ª repúblicas que cortaron este fatalismo secular español. La II República llegó como un consecuencia del agotamiento de una monarquía y de la incapacidad para seguir respondiendo a las necesidades planteadas por el país. Pero la República no vino tanto como consecuencia de un movimiento nacido y cimentado en las bases por unos ciudadanos concienciados de la necesidad de cambio de un sistema político, el monárquico, corrompido y agotado, a otro sistema de valores laicos y racionalistas. No. Vino desde Arriba. Desde núcleos de personas ilustradas, sensibles,intelectuales, pero no tanto por el empuje imparable de un movimiento social de carácter democrático republicano. Es por ello que hoy cobra mas nunca el protagonismo de la República.Esta siendo cada vez mas evidente que el actual sistema de monarquía constitucional se esta quedando estrecho y restringido para interpretar las aspiraciones y necesidades de los españoles de hoy, así como para dar las respuestas que demanda una ciudadanía global a la que pertenece los españoles actuales. Y por ello tenemos las condiciones propicias para generar una nueva ilusión, una III República, nacida de las entrañas y del convencimiento de los españoles de una necesidad de Cambio de marco de referencias, de sistema político, que pueda dar satisfacción a las demandas y exigencias planteadas por los españoles de hoy en este mundo globalizado.

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Rafael Riego

El 14 de abril de 1931 fue una fecha trascendente, casi mágica, en el transcurrir de la historia contemporánea española. Tras unas elecciones municipales en las que las opciones republicanas consiguieron excelentes resultados, venciendo en casi todas las capitales de provincia, el rey, Alfonso XIII, debió abandonar España, proclamándose la República. Era la segunda vez que este hecho ocurría en la historia, pero a diferencia de lo sucedido en la primera de las ocasiones, en 1873, en este caso la República llegó como resultado de una marea popular, por el entusiasmo de las gentes, que depositaban en ella una esperanza sin límites. (.../...)

Lo que precipitó los acontecimientos y resultó ser el detonante que marcó la caída de la monarquía, fue la convocatoria de unas elecciones municipales para abril de 1931, convocatoria que se enmarcaba en la voluntad de los gobiernos monárquicos de los años 1930-1931 de restablecer la normalidad volviendo a la legalidad anterior a 1923. Las elecciones fueron aprovechadas por la oposición, cuya fuerza crecía día a día, para transformarlas en un plebiscito sobre la monarquía. Los comicios se convirtieron de esta manera en un termómetro que había de medir el deseo y el sentir de la población española sobre el cambio político. Fueron los monárquicos los que obtuvieron el mayor número de concejales, pero los núcleos urbanos más habitados, allí donde se respiraba un ambiente de mayor libertad, otorgaron el triunfo a los candidatos republicanos y socialistas. (.../...) Alfonso XIII, sólo y carente de apoyos, sin nadie dispuesto a defenderle, con sus tradicionales baluartes -la derecha tradicional y el Ejército- profundamente desgastados, no tuvo más opción que dejar Madrid camino del exilio, proclamándose ese mismo día, el 14 de abril, la República. (.../...)

A Eibar la correspondió inaugurar ese período de ilusiones al ser la primera ciudad que proclamó, en la madrugada del 14 de abril, la República, lo que fue seguido por unas horas de zozobra en la localidad hasta que se conoció que otras ciudades se habían sumado al movimiento que ella había iniciado. En aquel momento la gente sintió que se abría en España un nuevo tiempo, una nueva era, en la que podría tomar parte activa en las cuestiones públicas y decidir sobre los temas que preocupaban a la sociedad. Frente a lo que había venido sucediendo hasta este momento, con gobiernos escasamente representativos y muchas veces oligárquicos, la República supuso, desde el primer instante, la llegada de las masas al poder. Implicó una nueva forma de entender la política que ya no aparecía reservada a unas minorías, sino que era el pueblo en su conjunto quien se presentaba como sujeto político y depositario real de la soberanía. (.../...)

La República, indudablemente, cometió errores que le impidieron ensanchar su base social y con ello consolidarse. Se ha dicho que la política religiosa careció del tacto necesario, que faltó contenido social, que los republicanos no hicieron lo suficiente para atraerse a otros sectores, etc. Asimismo, que emprendió una labor reformadora de gran envergadura careciendo de la fuerza y los recursos necesarios para llevarla a buen puerto; no en vano estamos hablando de Estado débil y de una sociedad muy fragmentada. (.../...)

Aun con sus defectos, los republicanos presentaron proyectos razonables, que de haberse llevado a cabo hubieran supuesto un salto de la sociedad española, pero chocaron con fuerzas poderosas, tanto internas como externas, que no estaban interesadas en que la República se asentase. Hostilidad de los medios financieros internacionales, pero, sobre todo, de la derecha española, incapaz de asumir su desplazamiento del poder y la alternancia que la democracia conlleva. Su escaso apego a los valores democráticos fue la base desde la que se forjó una sublevación militar, que frustró una etapa llena de esperanzas y hundió a España en una de sus etapas más negras.

(Nota 1: texto completo de Luis Castells en la publicación «Republikia. 1931-2001»)

Luis Castells,

Historiador