Es una verdadera tristeza el estado en el que se encuentran los árboles y en general el entorno« verde» de la calle Huertas y calles aledañas. No podría uno explicarse en qué consiste la negligencia y apatía tanto del ciudadano como de los responsables del mantenimiento de parques y jardines de la concejalía del medioambiente. ¿O sino a quién corresponde el embellecimiento de estos entornos emblemáticos del centro histórico de Madrid?
En la calle Huertas con Príncipe hay unos huecos que antes estaban plantados de árboles y que ahora están vacíos porque se han arrancado de cuajo los troncos de los árboles, tal vez porque estaban secos o tal vez por vandalismo, no lo sabemos. Lo cierto es que estos huecos así como están son un peligro para la salud de los peatones pues pueden caer y torcerse o fracturarse una pierna o un tobillo ó caer de mala manera sobre el asfalto. En cualquier caso sería un fatalismo. Aparte el aspecto feo y de negligencia que transmite al visitante y al transeúnte.
No se explica pues, cómo es que este entorno al que se le plantaron unos árboles que dan un aspecto fresco y agradable, en el verano, florido en la primavera, está tan despreciado por el equipo de mantenimiento de calles y parque y jardines, y también por qué’no decirlo, abandonado por los propios ciudadanos quienes son insensibles a la naturaleza , a la estética y a sí mismos al no intentar preservar y conservar con elvalor de pieza única este entorno privilegiado situado en el Barrio de Huertas-Las Letras.
Los vecinos, algunos, hemos llamado la atención del gobierno municipal y del mismo vecindario sobre la necesidad de alimentar un civismo que conduzca a la preservación y apreciación de un entorno tan bello y colmado de historia y convivencialidad como este nuestro barrio, querido y tan humano.
Si el ayuntamiento no hace nada por nuestros barrios entonces hagamos de ellos nuestra responsabilidad. Nos toca de a muy poco y sin embargo el resultado puede ser espectacular. Y hagamos ejemplo para que los que intenten gobernarnos haciendo caso omiso de nuestra opinión se sientan menguados ante la fuerza de un vecindario que ama y protege su herencia y sus joyas como es el barrio en el que se vive, se convive, se trabaja y se pasea.
Clementina Jacquinet
287 04/ 06
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