A los 4 días de esta reunión ocurría un crimen en la Calle Cervantes con la calle Quevedo en pleno barrio de Huertas-las Letras. Dos chicos transitaban por estas calles cuando fueron abordados por un tercero que en su intención de “robarles” y sin mediar palabra, acertó un navajazo a uno de ellos causándole la muerte inmediata e hiriendo de gravedad al segundo. El joven muerto era un vecino del barrio.
Este tipo de delincuencia criminal no había sucedido nunca en nuestro barrio. Sí se estaban dando últimamente denuncias por parte de vecinos y comerciantes de que sus domicilios y locales estaban siendo sistemáticamente objeto de los delincuentes. A través del correo de la asociación del Ejepeatonal se estaba recibiendo mensajes de vecinos y comerciantes en los que ponían sobre aviso a los vecinos de lo que estaba ocurriendo en el barrio. Estos hechos fueron denunciados por el presidente de la asociación en la reunión de seguridad.
La cuestión es que desde que la orden de cierre del barrio tuvo su efecto en septiembre del 2004; una orden que ha sido cuestionada por el vecindario, pues no ha contado ni con la información ni mucho menos con el consenso de los vecinos del barrio, la inseguridad ha ido en aumento. La denuncia de la inseguridad en el barrio y las propuestas para paliar este cáncer ofrecidas por la asociación del Eje, han sido sistemáticamente ignoradas por el Ayuntamiento y sus Concejalías de Seguridad y de Economía y Participación ciudadana.
Este hecho de la inseguridad ha sido analizada por el Eje en donde se ponía en evidencia que al cerrar el barrio al tráfico de coches de la manera irracional e impositiva como se había hecho, ocasionaba perjuicios al vecindario y que sería causa de un aumento de la delincuencia. Lo que sí no se podía prever era que no solo la delincuencia podía anidarse en nuestro barrio sino algo mucho más grave como la delincuencia criminal. También anunciaba el Eje de que la actividad comercial estaba bajando como consecuencia del cierre y de que los comercios estaban cerrando. Este hecho es muy significativo ya que los comercios al permanecer abiertos potencian el paso de transeúntes, lo que da vida y actividad constituyéndose en un elemento persuasorio de la delincuencia. En efecto al estar las calles en actividad es más complicado para las bandas de delincuentes actuar en ellas.
El comercio ha ido cerrando en la barrio y cada vez son menos los comercios de proximidad que permanecen abiertos, y los que quedan están haciendo lo imposible por permanecer. Y esto es debido a la inhumana orden de cierre de las calles a todo tipo de tráfico. Las calles al verse reducido el paso de vehículos y consecuentemente reducida la actividad, se han convertido en solitarias y si a esto le añadimos la poca iluminación que tienen algunas de ellas y las obras, pues resulta que la criminalidad está haciendo de estos lugares su centro de operación de la delincuencia y un peligro para los vecinos y transeúntes.
Es por ello que no podemos dejar que nuestras calles se conviertan en el lugar preferido de los delincuentes porque no hay personas que transiten por ellas.
Todo este fenómeno de la delincuencia criminal, los cierres de los barrios sin la participación de los vecinos obedece a Todo un Plan de urbanismo y de implantación de modelos foráneos más propios de los estadunidenses que de los europeos. El modelo de ciudad que nos quiere imponer el alcalde de Madrid, el principal valedor de la extrema derecha económica en nuestra ciudad, es la de convertir las calles, para los delincuentes y los policías, y barrer de las calles y plazas a los ciudadanos y vecinos, la pruena la tenemos en esas “plazas remodeladas” que son lugar de paso de los peatones y en lo que escasean los bancos para sentarse impidiendo que los vecinos y quien quiera pueda sentarse y convivir. Es esta convivencia entendida en la socialización que provoca las plazas, la que durante siglos ha garantizado la convivencia y la formación de los barrios, convirtiéndose en los principales garantes de al seguridad y la convivencia ciudadana.
En nosotros está el no seguir el juego de la extrema derecha económica, sino el asentar hoy más que nunca el modelo de convivencia de siglos de nuestros barrios y distritos donde se mezclaba la actividad de los comercios, con la actividad de los vecinos en una simbiosis de perfecta armonía y respeto hacia la conservación de las costumbres y tradiciones de sus habitantes.
No podemos dejar que las calles sean ocupadas por los delincuentes. Rompamos el silencio y ocupemos las calles, pues de nosotros y de la responsabilidad de cada uno depende el mundo que estemos construyendo para los de nuestra especie y la de nuestros descendientes. Un mundo repleto de humanidad, bienestar social y justicia social.
Cítara Plaño
Madrid 21/ 07 /06
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