Muere un joven de 16 años en una reyerta de neonazis y antifascistas La rápida intervención de la Policía permitió identificar al presunto autor de las cuchilladas La trifulca, que provocó otros ocho heridos, arrancó en el metro de Madrid y siguió en la calle Ocho personas murieron en España desde 1991 a manos de grupos ultras
Un joven resultó muerto y otros ocho heridos en una reyerta entre neonazis y antifascistas ocurrida este domingo en una estación del metro de Madrid. La rápida intervención de la policía permitió identificar al presunto autor de las cuchilladas mortales, quien pudo ser detenido, según informó el consejero de Justicia de la Comunidad de Madrid, Alfredo Prada.
La reyerta comenzó sobre las 12:00 horas en un vagón del metropolitano en la estación de Legazpi. Fuentes de la Jefatura Superior de Policía explicaron que en la misma estuvo implicado un grupo de ultras que se dirigían a una manifestación de las Juventudes Democracia Nacional, convocada con el lema «Contra el racismo anti español, contra la inmigración», y otro que de antifascistas que al parecer pretendían reventar dicho acto.
La trifulca, en la que resultaron contusionados pasajeros ajenos a las bandas, se extendió a la estación, y continuó en la calle, ya en el paseo de las Delicias y la plaza de Legazpi. Los efectivos de policía que acudieron al lugar fueron recibidos a pedradas por los alborotadores antes de ser dispersados.
El fallecido, de 16 años y miembro del grupo de antifascistas, recibió una puñalada en el corazón. Los médicos del Samur trataron de reanimarle durante media hora.
Un joven que acompañaba al fallecido, también de unos 20 años, resultó gravemente herido al recibir otra cuchillada en el tórax, por lo que fue evacuado hasta el hospital Doce de Octubre, donde fue intervenido quirúrgicamente.
Asimismo, otras tres personas resultaron heridas de arma blanca, por lo que fueron atendidas en el hospital de campaña levantado en el lugar de los hechos por los servicios de urgencia antes de ser trasladados hasta la clínica de la Concepción. El Samur también atendió a un viajero que sufrió una caída, a un policía que recibió el impacto de una botella y a un guardia jurado del metro que tenía una crisis de ansiedad y contusiones. Los tres fueron evacuados al citado centro sanitario. Los médicos tuvieron que aplicar colirios a una decena de viajeros del metro que presentaban escozor en los ojos, posiblemente debido al uso de aerosoles de autodefensa por parte de los jóvenes que participaron en la reyerta.
Incidentes en la concentración
Varios cientos de personas asistieron a últimas horas de la tarde del domingo a una concentración de protesta en la Puerta del Sol. Se escucharon consignas como «los fascistas son los terroristas» y «televisión manipulación». Un grupo de asistentes la emprendió contra los reporteros gráficos, a los que se impidió a empujones realizar su trabajo. Sobre las 20:00 horas, un centenar de encapuchados al grito «han matado a uno de los nuestros» avanzó desde las inmediaciones de la Gran Vía hacia el barrio de Malasaña. A su paso por las estrechas calles de la zona volcaron contenedores, a los que prendieron fuego, tiraron motocicletas y destrozaron mobiliario urbano.
Efectivos de la Unidad de Intervención de la Policía Nacional, pertrechados con material antidisturbios, dispersaron a los encapuchados
M2 SE CUELA EN LA REUNIÓN DE LOS ANTIFASCISTAS ’Un muerto se paga con otro muerto’
Decenas de antifascistas, durante la reunión de ayer. (Quico Alsedo) Actualizado martes 13/11/2007 11:43 (CET) QUICO ALSEDO | LUIGI B. BORGESMADRID.- "¡A muerte a por ellos el sábado! Los cerdos nazis desangraron a Carlos y tenemos que vengarnos, hay que machacarlos". El grito provocó aplausos y estupor anoche en Legazpi. M2 se coló, entre crestas y botas militares, en la asamblea en que unos 350 antifascistas decidieron, desde las 19.00 horas, cómo responder a la muerte de Carlos Palomino.
Unos apostaban por una concentración masiva y «social» en Usera para todos los públicos el próximo sábado por la mañana. Otros, los duros, pedían «sangre» contra la mani convocada por Alianza Nacional ese mismo día, y «arrasar el centro económico de Madrid, que es Sol». Al final se optó por conjugar las dos vías, no sin bronca entre varios de los jóvenes por no respetarse en el turno de palabra, e incluso algún «cállate burgués de Izquierda Unida, y lárgate a la universidad que te paga tu papá», dirigido a uno de los blandos.
La solemnidad del momento se palpaba desde la misma entrada. A las 19.00 horas, varios chavales designados como vigilantes controlaban el acceso a la nave, 500 metros cuadrados fríos, inhóspitos y okupados en la calle de la Batalla de Belchite, número 17. Se trataba de que no se colaran elementos ajenos a la Coordinadora Antifascista de Madrid, aunque ellos mismos se cortaban después entre ellos: «¡Lo de la violencia no hace falta hablarlo ahora, joder, que aquí mismo seguro que hay estupas [policías]».
Una hora más tarde, después de que llegaran «unos compañeros que vienen del Tanatorio», comenzaba la asamblea, que fue subiendo de tono hasta que uno de los duros zanjó: «Hay que dejarse de hostias. Los cerdos mataron a Carlos y tenemos que sacar toda la rabia y el odio que llevamos dentro». Ahí se determinaron dos bandos, que ya vertebraron el debate. «¡Se están riendo [los fascistas] de nosotros y de Carlos en internet!», decía uno. «Debemos ser inteligentes y no criminalizarnos. Hay que presionar al Gobierno para que suspenda la mani de Alianza Nacional», contestaba otro, sin éxito.
Uno de los duros informó a la concurrencia de que «Alex [el joven que permanece grave tras el incidente en que murió Palomino] está con un pie en la tumba y sigue en la UVI», mientras muchos de los allí presentes aseguraban que el muchacho había abandonado los cuidados intensivos. Otro aviso a los tibios, con recado también para los medios: «Los periódicos están intentando calmar las cosas, pero esto es una guerra y en la guerra hay que golpear. Quien no esté para golpear, que no venga».
La veteranía puso cierta sensatez, por boca de un antifascista de barba: «Ha muerto un compañero y estamos jodidos, pero es una ocasión única: poderle explicar a nuestras madres, a nuestros compañeros de trabajo, que nos están matando por defender la igualdad, porque nadie se crea superior por ser blanco o por haber nacido aquí». Los aplausos fueron para los más exaltados. Menos (unos 100), pero más ruidosos.
Los moderados hacían hincapié en que «la opinión pública tiene que pensar que esto no es una pelea entre bandas, que está en juego la igualdad», pero las llamadas a la «valentía» de los radicales, muchos de ellos con la cabeza rapada, generaban explosiones de entusiasmo. De vez en cuando, alguien se levantaba al centro del corro a coger agua de una tinaja plateada, mientras un pastor alemán deambulaba por allí.
Intervino también un «representante» de los antifascistas de Guadalajara, un emisario de la Asociación de Vecinos del Alto del Arenal y una mujer mayor cercana a la Coordinadora, que también se llevó sus pullas: «¡Aquí no hace falta que nadie nos coordine! ¡La rabia no se coordina, se suelta y punto!», bramó una chica alineada con los duros. Se intentaba respetar el turno de palabra, pero al final sucedía lo que en el patio del colegio: quien más hablaba era quien más chillaba.
De hecho, la bronca fue in crescendo hasta que una chica se encaró con el bando de los duros -«¡Pesaos, dejad hablar!»-, que respondieron con insultos. Pero la sangre no llegó al río. Al menos ayer.
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